domingo

Creí conocerme



Alguna vez creí conocerme… Pensé que sabía cómo era, que ya había visto todas y cada una de mis expresiones al ser la encargada de manejarme a mí misma.

Entonces, ¿Quién mejor que yo para saber cómo soy?
Esa pregunta parece tener una respuesta bastante lógica, sin embargo, la vida da muchas vueltas y terminamos descubriendo otras facetas nuestras. En esto último, debo decir que tienes cierta cuota de responsabilidad, pues has sido tú quien me ha enseñado que apenas conocía la capa de mi forma ya que mi forma es más extensa de lo que creí.

También pensé que podía expresarme con totalidad a través de las letras, que las palabras podían describir cualquier cosa, pero me equivoqué. Comprendí que no está dentro de mis capacidades hacer eso, el expresar cabalmente cualquier sentir o emoción a través de ellas. Eso me lo dijo mi propio corazón cuando emocionado miraba las estrellas y se perdía en la inmensidad de lo que es llamado: sentimiento, sin poder describirlo.

Adicionalmente, soñé que un día llegaría a descubrir qué era eso que todos llamamos Amor. Pude sentir fuertes emociones que se le parecían, y por ello, creí que sabía qué se sentía Amar, pero me volví a equivocar. Creí saber cuáles eran mis límites, pensé que no tenía mucho para entregar y poco lo que podría recibir, pero también cambiaste eso. Cambiaste muchas cosas, tantas la verdad y no hay forma de agradecer.

Creí conocerme… En serio, lo creí. Pero me di cuenta que me faltaba mucho para poder concluir realmente eso, pues cada cosa aquí dentro se movió, y otras se hicieron tan potentes que arrebataron de mí el control, mi corazón corrió como loco en tu busca, mi mente dejó de funcionar y ahora se la pasa viviendo tu imagen. Viviendo… qué hermoso es vivirte, porque no es lo mismo que verte ni pensarte, vivirte es algo que trasciende los límites comunes.

Déjame conocerme a través de ti. Defíneme, dime quién soy. Dímelo sin palabras, deja que me de cuenta que tengo virtudes que no conocí y defectos que no divisé, todo a través de tus ojos. Extiéndeme tu mano que quiero aprender cómo es caminar a tu lado. Necesito entender cómo es posible que muevas mi ser. Quiero darme cuenta que puedo llegar a volar.

Hoy me embarga un sentimiento inmenso, algo que se ha vuelto incomparable y único. Soy la misma persona pero muy distinta. Si el espejo de mi ayer me mirase hoy, de seguro me diría: “¿Quién eres? Porque no te conozco”, y yo le respondería: “Yo sí sé quién fuiste tú, pero ahora soy yo”. Sí, han pasado muchas cosas desde ayer y muchas otras han cambiado o se han adaptado.

Comprendí que puedo ser mejor por mí, y también para ti. Que las cadenas que me han mantenido atada pueden romperse, y que ya he comenzado hacerlo. Que si quiero curar una herida, debo empezar por enfrentarla y en eso me has ayudado. Comprendí que tu presencia tiene el maravilloso don de hacer la diferencia, y que el sólo escucharte puede realizar un cambio en mi ánimo.

Creía saber todo de mí… Pero no tenía ni la más remota idea de que podía sentir esto que siento, que es tan grande que no sé si me cabe en el pecho. Que podía Amar con ésta libertad, sin importar distancias ni tiempos, porque no existen para sentir porque al sentir no le importa si existe un “pero”, a él sólo le importa vivir, y más que nada vivirte a ti. Mis ojos llueven de emoción de vez en cuando, y te extraño todos los días. Soy tan feliz de tenerte conmigo, que vivas dentro de mi corazón a cada instante.

Creí conocerme pero no sabía quién era, y hoy te agradezco por darme la oportunidad de crecer y ser mejor.

Pensé que con letras podía plasmar el latir de mi corazón, pero no puedo traspasar a un papel todo mi amor.
Sin embargo…

Intentaré decirte que te quiero e intentaré mostrarte lo que siento, que éste sentir es tan puro y tan leal, que no se puede medir con que el infinito quizás sea lo único que pueda igualarlo y que sólo él sabe, lo mucho que te amo

Autor de este artículo Waldylei Yépez