lunes

Cuidado con nuestra boca

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Dicen que las palabras pueden levantar tempestades, pueden ser suaves caricias para el alma, o pueden ser un arma tan letal que puedes llegar a matar a una persona por ellas.

Es muy importante que antes de hablar sepamos qué vamos a decir para no hacer daño a otras personas, incluso a aquellas con las que no nos llevamos tan bien. A veces sentimos mucha rabia contra alguien, pero antes de hablar debemos pensar.

Pensar antes de hablar pondrá un freno a la lengua.
Creo que las buenas personas no hablan cosas feas de otras personas, café en todo caso creo que siempre tratamos de decir que “parece que no entiende” o ” siempre le estoy diciendo que cambie”, y muchas cosas más por el estilo.

Las palabras esas que hablamos con otras personas, es lo que debemos cuidar.

Muchas veces nos cae mal una persona sin haber hablado una palabra con ella siquiera, ¿y cómo se podría defender ella? Si no tiene idea de lo que pensamos de ella. Hay que ser buenas amigas, compañeras, tratar de comprender en todo lo que ella pueda estar fallando, hablar con cariño, y tratar de ayudarla porque recuerden que ninguna de nosotras somos perfectas, tenemos mil defectos, entonces ¿quiénes somos para juzgar?

Seamos portadoras de buenas palabras, seamos capaces de construir, no de destruir. El ser humano tiene el mal hábito de comenzar juzgando, no caigamos nosotras en ello.

Seamos capaces de intentar conocer a la persona, no hablemos de cosas de la cual no tengamos certeza que son tal cual como nos las cuentan.

Nuestras palabras influyen en las personas con las que hablamos. Las palabras pueden ser tan mortales como una pistola, con nuestra boca podemos subir o hundir a una persona.

Tratemos de ser justas y responsables con nuestras bocas.
Contemos hasta 10 o más antes de decir tal cosa, piensa que para que haya una conversación sobre la vida de otra persona se necesitan dos, no seas tú la segunda, dale el privilegio de la duda. No seamos crueles amigas, muchas veces perdemos verdaderas amistades sin conocerla por apresurarnos a juzgarla antes de emitir un juicio.

Cuidemos nuestra boca, que no sea ella la que hable primero sino nuestro corazón.


Shoshan